Excavaciones arqueológicas.

 

En la fase de ejecución del proyecto de obra se suelen ejecutar todos los capítulos que conciernen a los movimientos de terrenos, bien propios - que se realizan con medios mecánicos - o bien arqueológicos, que no se consideran como propios, y que se caracterizan por ser fundamentalmente manuales. Este aspecto suele ser percibido por los promotores como un condicionante costoso tanto desde el punto de vista de la variable del tiempo, como del de la inversión económica, en relación con los metros cúbicos de terreno removido  y que son los parámetros habituales para valorar los plazos de ejecución cuando se están moviendo terrenos.

 

Una vez ejecutada la fase de sondeos, y acotados los márgenes de las posibles excavaciones arqueológicas, estas se suelen acometer de manera paralela a los trabajos propios de obra haciéndose una adaptación de los tiempos y realizando las necesarias reservas de terreno para los trabajos arqueológicos. El área sujeta a excavaciones suele ser un porcentaje reducido respecto a la superficie total. Esto posibilita avanzar con la mayor parte de la obra para, una vez liberado el terreno, concluir la ejecución puntualmente.

 

En un porcentaje muy alto las excavaciones cumplen el objetivo principal de documentar suficientemente un yacimiento por lo que pocas veces se resuelve la conservación del mismo y mucho menos su exposición a la vista. Muy frecuente una vez excavado el yacimiento este puede ser ocupado por las edificaciones o infraestructuras. En el caso de que se determine conservar determinadas estructuras se procede a su tapado con medios apropiados y se puede construir sobre rasante mediante terraplén. Una solución habitual es disponer sobre él zonas verdes que en principio tenían otra localización lo que supone una modificación del proyecto de obra.